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Se plantó bien en el terreno de juego, sudó la camiseta, manejó con destreza los cambios de ritmo y, con ello, Enrique Bunbury se ganó a la hinchada de más de 80 mil personas que anoche inundaron las gradas y la cancha del Estadio Azteca.
En el concierto gratuito que el español ofreció en el Coloso de Santa Úrsula, mostró su perfil de crack del rock iberoamericano, al convocar a la mayor cantidad de público que ha tenido en México durante su carrera. Con un listado de canciones que rebasó los 20 títulos, Bunbury hizo olvidar el intenso frío que permeó el recinto.
Al inicio del recital que duró más de dos horas, el ex líder de Héroes del Silencio afirmó que el show era una celebración y un agradecimiento a los fans mexicanos que desde hace casi 20 meses lo acompañaron en el Hellville de Tour.
“Es un verdadero placer estar en el gigante azteca”, dijo el zaragozano, quien regresó tres veces al escenario, una de ellas para brindar con tequila y asegurar que conoce México desde una vida anterior. Así, el ibérico incluyó temas como ‘Alicia’, ‘Infinito’ y ‘La Chispa Adecuada’ entre su repertorio, que sonó gitano, ranchero y hasta bluesero.
En el repaso de su carrera, Bunbury dejó para el final la interpretación de ‘El Hijo del Pueblo’, el clásico de José Alfredo Jiménez que aprovechó para grabar con un coro multitudinario para el nuevo tributo que se prepara al guanajuatense.
Fuente: www.record.com.mx
*Crónica contada en primer plano desde Zona Platino*
La espera como siempre fue larga, gente que acampo en la entrada del Estadio Azteca desde una noche antes; los viejos amigos que se encontraban para esperar juntos, nuevos amigos que se acompañaban al calor de las ansias por ver una vez más a su ídolo. Como siempre no pudo faltar entre “vinilos y tragos” las canciones cantadas a todo pulmón para ir calentando motores.
Las puertas se abrieron a las 6:00 pm todos corrimos a las entradas correspondientes para poder accesar al recinto, sin embargo, la pésima organización de la gente de Corona, de OCESA y de la misma seguridad del Estadio; provocó un caos para poder accesar a la Zona Platino. No entregaron todos lo afiches correspondientes, obvio la gente se desesperó y trato de hacer lo posible por accesar al recinto para poder estar en un buen lugar.Cuando ya por fin pudimos entrar, cosa que sucedio después de que los mismos organizadores nos dieran la posibilidad de entrar sin la necesidad de recoger los afiches, comenzó la espera.
El escenario frente a nosotros, el telón rojo se podía ver al fondo, así como las lámparas que ambientan el show de Enrique colgaban del techo.Poco a poco el Coloso comenzaba a llenar sus entrañas con todas las personas que asistian al evento. Parecía prometer mucho y cumplir poco, pero en efecto, lo logro, Localidades agotadas, cerca de 80,000 personas reunidas para recibir al zaragozano.
Como lo prometio, salio a escena poco después de las 9:00 pm, para invitarnos al “Club de los imposibles”. Se notaba un Enrique muy contento, la sonrisa nunca se desvaneció de su rostro, la euforia de seguro corrio por sus venas durante toda la velada, además del tequila.
Se notaba un Enrique muy contento, la sonrisa no desapareció de su rostro en casi ningún instante de la noche, salvo aquellos momentos donde falló la afinación de la clásica guitarra de doce cuerdas, o le fallo el chícharo, incluso cuando por segundos nos quedamos sin audio, o ese breve instante donde se dejo de oír el micrófono de Enrique; fuera de eso, la felicidad invadía su rostro.
Nos cautivo con temas tan hermosos y clásicos como “200 huesos y un collar de calaveras, Sácame de aquí, Desmejorado, No me llames cariño” y una vez más repitio, toco La herida en una versión entre cabaretera y con toques de blues, ó a saber que jodidos quizó hacer, en lo personal, no me gusto para nada, pero bueno, cada quien.
No se canso toda la noche de agradecer al público mexicano, de recordarnos que nos lleva en el corazón, y que en tierras Aztecas, no se siente extranjero. Además de casi asegurarnos que en una vida pasada fue mexicano; y de una vez más contarnos su anécdota de cuando piso por primera vez suelo mexicano, esa ya se esta conviritiendo en algo de rigor en cada concierto ofrecido en nuestro país.
“Yo sé que todos traen un telefóno móvil, asi que saquenlo quiero ver la luz de su móvil – fue el preámbulo para entonar una de las mejores canciones, …y al final - quiero que el Estadio Azteca se vea hasta Júpiter”
Como ya se había dicho, interpretó la canción “El hijo del pueblo”, y para terminar una noche mágica, nos embeleso el corazón con “Canto (el mismo dolor)” fue cuando termino de ganarse por completo a todos los asitentes al Estadio.
En verdad, a pesar de todas las inclemencias sufridas, de las peleas en la filas para entrar, de la mala organización, y de todos aquellos detallitos que en dado caso pudieron opacar la velada, Enrique nos complació, lleno el Azteca, no solo en cuestión de convacar gente, si no con su música, su presencia escenica, y con ese gran aprecio que siente por el pueblo mexicano.
Amigos, además del dolor en las costillas y en los pies, y la garganta cerrada; yo me quedo con el recuerdo de uno de los mejores conciertos de Enrique a los cuales eh asistido
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